
Tanto la animación como los tebeos han sido de toda la vida dos ramas artísticas que en el mejor de los casos han sido relegadas a ser las hermanas pequeñas, bastardas y olvidadas del cine y/o la literatura. Pero tienen su propio lenguaje y tienen una gran ventaja: permiten a sus autores dar rienda suelta a su imaginación sin ningún miedo a resultar ridículos. De esta manera, cosas que en cine nos resultarían ridículas, en un tebeo o en una película de animación nos resultan tremendamente reales, permitiendo así explorar un campo que el cine no tiene acceso. Y la literatura tampoco, estando restringida a la imaginación del lector.
Todo este párrafo absurdo y mal escrito viene a cuento porque le viene como anillo al dedo a la película de la que os voy a hablar: La Planète Sauvage, de René Laloux, joya de la animación francesa de los años 70. Según escribo esto me viene a la mente una sola palabra: hipnótica. Así es esta película.
Trata sobre una raza, los draag, que utiliza a otra, los ooms (que son humanos como nosotros) como mascotas. Nuestro protagonista es un joven humano que escapa de su dueño hacia un futuro incierto. En su camino se encuentra con otros humanos, que viven en estado salvaje ocultándose de los draag, que por otro lado no son los extraterrestres temibles que os podéis imaginar, sino una raza bastante avanzada y pacífica, más que los ooms de hecho.
Pero en mi opinión lo mejor de la película no es su trama, sino su bellísima realización. No sabría con qué quedarme, si los diseños de seres alienígenas que hizo Roland Topor (sí, el famoso escritor; sí, el del Grupo Pánico, junto con ‘Milenarista’ Arrabal y Jodorowski, y sí; el artífice de ‘El quimérico inquilino), el carácter amateur y experimental de la animación o lo marciano que resulta el conjunto en sí.
En cualquier caso, una maravilla que ningún aficionado a la ciencia ficción y a la animación debería dejar pasar.









